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La Coctelera

PAGINA DEL PROFESOR CARLOS ARTURO REINA RODRIGUEZ - Colombia

PROFESOR E INVESTIGADOR. U. DISTRITAL LIC. CIENCIAS SOCIALES, MAGISTER EN INVESTIGACION SOCIAL, CANDIDATO A DOCTOR EN HISTORIA. U. NACIONAL DE COLOMBIA

14 Julio 2006

Los Espectros Urbanos: En la era de las tribus, mas que pesado, es metal con historia.

Por: Carlos Arturo Reina Rodríguez

“La lucha comenzó siglos atrás. Existían murallas y caballeros de metal; sus espadas gritaban en lides de honor y aún así lo primitivo, el garrote de troncos caídos no estaba lejos. Ahora los sentidos han sido golpeados, torturados, ultrajados; aflojando pensamientos que se definen con el metal, no en duelos de la edad media, sino en cerebros despiertos a la realidad. La época de los herejes y poseídos ya no existe, ya no hay inquisidores ni profetas. Ahora la venganza del hombre que vivió esclavizado a los mandatos de los reyes terrenales y divinos cabalga el viento destruyendo....” (Reencarnación 1988)

El final de la segunda guerra mundial no significó solamente el advenimiento de la guerra fría, del mundo bipolar y la derrota de los estados autoritarios entre otros, sino el surgimiento del “mundo joven” como respuesta en buena parte al extremo control que sobre ellos ejercía el mundo adulto a partir de las normas y valores que debían tipificar lo que los paradigmas de las generaciones anteriores venían heredando, y que al despuntar los años 50 se ven abiertamente enfrentados a una serie de movimientos que tienen como centro a sectores cuyos espectros juveniles van desde la literatura, al arte y la música, y que inician un movimiento de reivindicación que se traduce en la puesta en escena de un sector que hasta para el mismo capitalismo permanecía alejado de la visión de los distintos mercados, y que engendran movimientos y fenómenos tan diversos como los beatniks, el rock and roll, el feminismo, el hippismo y otros, que por sus características fueron considerados como una de las manifestaciones externas de la crisis latente en las sociedades industriales, dando al traste con el sistema de valores sociológicos que eran por entonces tenidos por fundamentales e inmutables, y que han sabido combinar en su práctica la contestación y la creatividad.

Denomino como espectros juveniles a la construcción de imágenes e imaginarios plasmados a través de manifestaciones particulares en el campo de la cultura, la música, la literatura y todas aquellas artes que involucran a los miembros de la sociedad que oscilan generalmente entre los 10 a los 25 años y que forman parte de la llamada población joven. Estos espectros juveniles se pueden identificar a partir de la percepción de imaginarios que no siendo los mismos de todo un núcleo social, si forman parte de un sector de la sociedad que los crea, importa, transforma y adapta a las condiciones de cada espacio social para generar una forma de entender el mundo e identificarse, al mismo tiempo que son ampliamente identificables por su condición biológica en términos de edad, lo que desde luego otorga juicios de valor desde el mundo adulto conservador.

Con el crecimiento de la ciudades, estos espectros aumentan en la medida en que las mismas se fragmentan y dividen a las comunidades en términos en que el proceso de conformación identitaria se vuelve más complejo. Aparece entonces la necesidad de pertenencia, de ser identificado y relacionado con alguien o algo, como especie de fetiche que le genera al individuo un asidero para enfrentar el mundo que lo rodea. Estos asideros pueden ser determinados por las condiciones mismas de desarrollo del sujeto, aunque no necesariamente inciden en él. Así, se pueden crear imaginarios superficiales como el afirmar que los jóvenes pertenecientes a un sector de la ciudad escuchan música Rap o Heavy Metal según las condiciones económicas, o sociales del sector. Desde luego que esto va más allá, debido a que no solo el espacio físico y las condiciones del mismo entorno, contribuyen en el proceso de adquisición de “herramientas” juveniles para su defensa, tales como los que proporciona la estética, la moda, la música, sino que también puede alejarlos de ellos y acercarlos a otros que espacialmente se encuentran en el polo opuesto. Estos imaginarios desde luego obedecen a un procesos de aprensión que se inicia, no como muchos han llegado a afirmar, por las condiciones de violencia de los mismos espacios, sino por la sensibilidad que posee cada sujeto para percibir algunos de los fenómenos que recaen sobre una comunidad determinada, y que generalmente son negativos. Estos pueden ir desde las contradicciones que genera la riqueza y la pobreza, “hasta la lucha por humanizar la vida” del hombre en sociedad.

El Heavy Metal.
Pero que tipos de espectros y como se identifican dentro del entramado de las tribus urbanas a las cuales algunos sociólogos como Michel Mafessofi hacen referencia?. Para ello nos remitimos a una de estos espectros que se construyen desde el Heavy Metal, un género de la música rock que sirve como elemento mediático para construir una identidad al tiempo que inventa categorías de vida.

En primer lugar, al hacer referencia al Heavy Metal, hablamos de un sonido pesado, duro, en ocasiones rápido, que imprime una sensación de atmósfera densa, dura, agresiva y hasta violenta, en últimas, es hablar de una forma de sentir, percibir y expresar la vida. La sensibilidad se constituye en el centro del metalero, pues la música se lleva en las venas y aunque para muchos solo sea ruido, él sabe muy bien que no es así. Aquí, nos referimos a la comunidad emocional -de Weber-, en la que como aclara Maffesoli (1990), el término de sentido es evacuado de un contenido racional a un contexto emocional -del sentir conjuntamente. Donde adquiere mayor relevancia la proxemia -del contacto táctil que enlaza el lugar y lo cotidiano- y los ajustes emocionales a través de una sensibilidad común o un ethos centrado en la proximidad.

Así, el Heavy Metal es considerado generalmente como una forma musical: un resultado o variación del rock and roll caracterizado por sonidos extremamente agudos, solos de guitarra ejecutados por virtuosos y letras que dan énfasis al poder, hedonismo (satisfacción inmediata a través de la música principalmente) y caos (desorden, violencia, muerte, monstruos y mutilaciones criminales). Sin embargo el Heavy Metal es también una subcultura, un conjunto de valores, actitudes, actividades de la gente (incluyendo la conducta en los conciertos) y la forma de vestir que los identifica entre sí y los diferencia de los demás. Lo que distingue a los fanáticos del Heavy metal, digamos, de los fanáticos del "rock ligero" o de la música clásica, es su sentido simbólico de comunidad.

Para Weinstein,| “el Heavy Metal, nació rodeado de las cenizas de la fallida revolución juvenil” . A mediados de los años setenta, la cultura de los jóvenes que se desarrolló en los campos universitarios durante la guerra de Vietnam fue de tipo más bien reflexivo. Los hippies estaban volviéndose yuppies o estaban siendo reemplazados por ellos. Pero un subgrupo de la juventud -principalmente hombres blancos de clase trabajadora- no participó en esta transformación. Al tiempo que la recesión se asentaba, los obreros (de cuello azul) fueron perdiendo el interés en el sueño americano La industria pesada (acero, automóviles, etcétera) ya no era la columna vertebral de la economía norteamericana principalmente; los sindicatos empezaron a perder poder; las fábricas fueron cerrando; comunidades completas desaparecieron principalmente en las ciudades del desgastado cinturón del medio oeste. De acuerdo a Weinstein, el Heavy Metal puede ser visto en parte como protesta, en parte como nostalgia de un modo de vivir que se extingue. Sin embargo no fue un fenómeno exclusivo de los Estados Unidos de modo que habría que encontrar otras respuestas al mismo. Lo que si es bien claro, es que el Heavy Metal se apropió de algunos elementos de la desaparecida generación del Woodstock, que incluye los jeans, la marihuana, el pelo largo, el menosprecio por la autoridad, la idealización de las estrellas de rock y la creencia de que la música rock es una expresión seria de autenticidad emocional. Pero los seguidores del Heavy Metal agregaron también nuevos elementos culturales propios, extraídos en principio de las imágenes de pandilleros en motocicletas (cuero, adornos metálicos, tatuajes, etc). El resultado fue una nueva amalgama cultural.

En el estudio de Weinstein, se pueden identificar cuatro temas principales de la subcultura del Heavy Metal. Uno es el machismo, o mejor dicho, una masculinidad tradicional con énfasis en una fuerte obligación con el macho, y las mujeres como objetos sexuales accesorios. Un segundo tema es la juventud. La subcultura de la juventud de los sesenta ha sido cooptada en un alto grado por personas en sus veinte y aun treinta y tantos años. La subcultura del Heavy Metal, cuyos miembros en general son adolescentes, buscó símbolos distintivos que fueran inaceptables para los adultos. Un tercer tema es la "blancura". Aunque no necesariamente racista, la subcultura del Heavy Metal rechaza la admiración por la música negra y los estilos de vida expresados en rebeliones anteriores de la juventud (aquí se entiende parte de la resistencia que existe entre los metaleros por géneros distintos al metal, entre ellos los ritmos tropicales). El cuarto tema es la idealización de la clase trabajadora. Aunque no todos los miembros de la subcultura del Heavy Metal provienen de la clase trabajadora, tienden a apoyar costumbres tradicionales de los trabajadores blancos como la separación de los sexos, el emborracharse con cerveza, el machismo en el fútbol, el anti-intelectualismo, aunque algunas tendencias como el black metal han llevado a que los jóvenes lean los textos de Nietzche, Poe y Bodelaure, y el cinismo frente al gobierno. Afirma Weinstein que así como los hippies conmocionaron a los adultos adoptando "deshonrosos estilos de negros", así los seguidores del Heavy Metal escandalizan a los adultos adoptando maneras y valores sumisos de trabajadores blancos. Son "parias orgullosos".

Desde luego que esta afirmación tiene amplios espectros de variación de acuerdo al desarrollo que se presenta en cada una de las sociedades a las que llega, aunque en su estructura posea connotaciones similares. En el caso colombiano, el hablar de un apoyo a las costumbres tradicionales de hombres blancos no corresponde por razones históricas y aunque existe un lazo directo con algunos sectores obreros, su vínculo está determinado por un intento de negar precisamente las costumbres y tradiciones que se vehiculan en particular por géneros musicales distintos al rock, entre otros como el vallenato, la carrilera, el tango, las salsa, el merengue y la música ranchera y norteña, estas últimas al igual que el rock, provenientes del exterior. De hecho aunque se reivindica en ocasiones a la clase obrera, se opone a ella en cuanto a la producción y consumo cultural. De hecho, este es uno de los sectores que por su carácter tradicional, se opone mucho más que otros de la sociedad.

Subculturas y contraculturas como estas, desempeñan una función importante ya que el "rebelde simbólico" asegura que los valores culturales dominantes y los símbolos no sean malinterpretados por el modo en que deben ser las cosas. Al desafiar a la corriente principal de la cultura, las contraculturas y subculturas refuerzan a los miembros de una sociedad a reexaminar y tal vez reafirmar -quizás hasta modificar- sus conceptos.

Al ser un fenómeno de carácter urbano, ciudades como Bogotá y Medellín, rinde tributo a las grandes capitales del mundo al plasmar, no solo el desarrollo generado por la industrialización típica en otras latitudes, sino los problemas consecuentes a nuestro nivel cultural de desarrollo, como el crecimiento demográfico, la pobreza, el desempleo, los cinturones de miseria, la escasa y deficiente cobertura de servicios públicos, bajos niveles de educación, contaminación, violencia urbana, intolerancia, desarraigo cultural e incluso anomia social. Ante este escenario, crece una generación de jóvenes cuyas posibilidades de ser escuchados son bastante limitadas. La identidad de los jóvenes está supeditada a los lazos comerciales de la moda que traen y llevan gustos, sentidos y formas de representarse ante el mundo. La mayoría de ellos con un contenido vacío, que busca satisfacer un sentido abiertamente comercial, pasajero y oportunista. En general hablamos de una sociedad urbana que pocas alternativas le presenta a la juventud. El Heavy Metal, igual que otros géneros lo hacen, viene a llenar ese espacio y a canalizar la irreverencia desatada por el medio que rodea al joven a través de la música. El Metal irrumpe en forma violenta a comienzos de los años 80, trastocando paradigmas establecidos por la sociedad citadina colombiana de décadas anteriores. El modelo de la familia perfecta se rompe al aparecer un individuo rebelde, que se enfrenta contra lo establecido, contra la forma de vestir tradicional, contra la forma de ver el mundo, contra la misma familia como muestra de lo que la sociedad ha generado en él.

Afirma el comunicador Luis Barrera que “El metal canaliza la violencia que el mundo le ofrece al joven. Por ello este se muestra violento, y se expresa de esa forma, insinuándole a la sociedad su culpabilidad al decirle que observe lo que han hecho de sus jóvenes. Los amantes del metal se presentan no como los culpables de la violencia, sino como sus víctimas. Intentan mostrar lo que han hecho los adultos con ellos y con el mundo y precisamente de eso trata el Metal, de las guerras, la contaminación, la corrupción, la violencia política, la muerte que persigue al individuo cotidianamente por causa de la irracionalidad del hombre, de las religiones y de los sistemas de dominación. El Metal y el " metalero", son reflejo del mundo que los rodea” .

Se trata pues, no de una anarquía generalizada, pero sí de una crítica a la sociedad, aunque en realidad pocas veces propone soluciones a los problemas puestos en evidencia. “Al identificar a los seguidores del Metal pesado se pueden reconocer algunos elementos importantes en nuestra descripción del fenómeno en su reconocimiento social y cultural frente a su aporte a la concepción de nación en Colombia. Se denomina "Metalero" al joven que escucha y vive cotidianamente de los rezos y del ritmo del Heavy Metal en todas sus tendencias. (Thrash Metal, Death Metal, Speed Metal, Black Metal, Melodic Metal, Grind Core, Power Metal entre otras). Como actor social, es definido y reconocido dentro del contexto urbano, en un país donde la población que habita las ciudades representa más del 70 %, el reconocimiento resulta tener un carácter nacional” .

El Espectro del Metal.
Cuando hablamos de espectros, los referentes que se entrelazan con los campos culturales de Bourdieu son innegables, sin embargo este concepto de espectro está tejido no en razón a un ..... sino a la producción que dentro de dichos campos se presentan y que corresponden no a los imaginarios en sí, sino a la producción de sensibilidades e imágenes que conducen a la interpretación de estos como tales.

Dentro de este mundo cultural se marcan diferencias entre el metalero que proviene de sectores medios de la sociedad de quienes se dice que privilegian el conocimiento técnico musical, y el metalero “humilde” que privilegia la construcción de una ideología propia dentro del movimiento o escena sobre el saber técnico musical. Teniendo en cuenta esto, el metalero construye espectros de todo lo que le acontece, de su vida, de su país, de su historia, al tiempo que se alimenta de otros que viajan a través de las ondas del metal desde Inglaterra, Noruega o cualquier otro país europeo principalmente. Para materializar ese espectro suele utilizar prendas que transfieren dicha sensibilidad y que tienen generalmente una connotación que es interpretada por la sociedad tradicional mayoritariamente adulta, como sinónimo de rebeldía y provocación, al tiempo que condenan estableciendo juicios de valor sobre su comportamiento, su forma de hablar, el lenguaje que esgrime y lo que consume, sobredimensionando la violencia que le subyace tanto o menos que la que otras manifestaciones esgrimen, la adicción a las drogas para las cuales no se necesita ser rockero, y de delincuencia, donde la estética desde luego contribuye al temor que se siente desde afuera del espectro y que no se siente de igual forma con un joven vestido de corbata y traje.

Por lo tanto estamos hablando de un espectro que aborda e influye en el ambiente que lo rodea. Tiene una intencionalidad y esta misma, oscurece el espacio inmediato al tiempo que lo vuelve denso y pesado porque la música no es lo único pesado que aparece allí. Por el contrario, al atmósfera oscura producto de la indumentaria negra, genera un enigma, una incertidumbre de no saber que esperar, al tiempo que aflora el parentesco con la muerte y la maldad, a pesar de que también existen metaleros cristianos, y que no todos dicen seguir lo oscuro desde la posición del adversario de la iglesia.

Allí el espacio cobra fuerza, ya que se materializa la oscuridad como luz. De hecho va más allá del color, asumiendo sentidos de pertenencia e identificación que hacen que algunos sectores públicos de la ciudad aparezcan como privados, al ser ocupados por miembros de distintas tribus urbanas que a través de su actividad, (como el caso de los rockeros que venden música pirata y discos en las aceras) , hacen de avenidas como la 19 entre carrera 8va y 4ta, en el centro de Bogotá un lugar de encuentro y reconocimiento de las hordas rockeras que se desplazan por la ciudad y que demarcan su territorio a partir del uso que le dan a la zona, donde particularmente el establecimiento de bares y tiendas de discos fortalecen dicho uso, al tiempo que se convierte en centro de conocimiento y reconocimiento del saber y el ser rockero en Bogotá. Allí aparece la programación de conciertos, circulan los magazines y revistas especializadas así como los volantes promociónales de los últimos trabajos discográficos del rock en Colombia y el mundo. Allí se respira a rock, especialmente en el centro comercial Vía Libre, en donde generaciones de rockeros de todas las tendencias buscan satisfacer sus gustos musicales, informarse del acontecer de la escena al tiempo que exhiben una estética particular que identifica tendencias, ideas y posiciones frente al mundo, mientras se encuentran con miembros de otras tribus como los punk.

Allí el encuentro es esencial para consolidar un espectro juvenil ya que la imagen del joven aparece reivindicando su individualidad al tiempo que la sociedad se contempla y se critica a sí misma. Entonces los juicios de valor cobran fuerza y el metalero aparece como sospechoso, porque es oscuro, viste de negro y muestra lo que a la sociedad no le gusta que le presenten, que es quizás la paradoja de señalar la paja en el ojo ajeno sin quitar la propia.

Por ello le toca guerrear, y para ello debe escuchar bastante música, tanta que se convierte en su rezo permanente, a través de la cual se contacta con un mundo imaginario de guerra, asumiendo el papel de guerrero, inventando atmósferas medievales, gritando el descontento con una sociedad que lo envuelve a cada paso y que limita su existencia. Pero no es solo su grito, sino al tiempo el de muchos otros jóvenes que no lo pueden hacer . Gracias a los que siguen la estética del metal, muchos otros que no pueden hacerlo por el trabajo o el estudio, viven guerreando a su propia manera, esta vez, llevando el guerrero por dentro, limitando las ganas de que escape y libere la energía que cada uno lleva por dentro para finalmente descargarla en un concierto cuando por fin puede, aunque sea por momentos vestir y expresar su condición de ser joven y rockero. Así, “el cuerpo se vuelve armadura, la piel se hace cuero, clavos y taches, el cabello crece y su longitud es prueba de que sigue en la lucha, la vestimenta oscura y los tatuajes marcan en el cuerpo logros adquiridos en la búsqueda por una ideología personal y hablan de la propia trayectoria en la escena metalera. Los sentimientos interpretados a través de la música solo hallan ecos en corazones rudos . Esta es una forma de enfrentar la vida y no perecer. Aclara Urquijo que el imaginario de la cultura Metal trabaja sobre unidades en las que se integran elementos opuestos; por ejemplo exalta estéticamente la falsedad para neutralizar el peso de verdades artificiales creadas por el sistema.

Un último referente resulta "de la simple constatación de que en el imaginario hay imagen". La iconografía - descripción y explicación de las representaciones figuradas- es de suma utilidad en este aspecto. Se aprecia en el contenido de las carátulas de los Compactos y álbums de las bandas. Escenarios de guerra, donde la muerte ronda permanentemente, guerreros desafiando a dioses, ruinas de ciudades, mutaciones genéticas, anticristos, cruces y calaveras, muertos vivientes y toda clase de demonios y ángeles. Las imágenes no se limitan solamente a las brindadas por la iconografía y lo artístico, ellas se extienden al mundo de las imágenes mentales y a los espectros que estas desarrollan. Las imágenes que interesan son las imágenes colectivas moldeadas por las vicisitudes de la historia; ellas se forman, cambian, se transforman. Se expresan por palabras, por temas. Son legadas por la tradición, se trasladan de una civilización a la otra, circulan en el mundo diacrónico de las clases y de las sociedades humanas. Estas imágenes también se plasman en los nombres de las bandas, escritos en letras góticas y estilos "dantescos" que denotan una diferencia estética frente al resto de géneros musicales al tiempo que la ejecución misma y el uso de líricas de distinta naturaleza lo hacen mucho más rico y poderoso .

El Metal se convierte en un espectro juvenil, al impregnar a jóvenes y adultos de una nueva concepción del mundo a través de los sentidos, irradiando desde cada escenario nuevos símbolos, signos, sensaciones e imaginarios donde pocas veces cabe los héroes republicanos que construyeron nuestra nación. El metal en particular presenta una intención de llamar al caos y expresar la desesperanza por un lado, y por el otro, criticar a la sociedad como forma "inconsciente" de un deseo de construir una nación "mejor".. El hombre moderno, y posiblemente el de todos los tiempos, es ambiguo. El metalero no solo es un hombre moderno pasivo, sino un modernista en la medida en que critica y defiende violentamente su manera de ser, que se opone a la tradición, y esta defensa violenta genera un movimiento alrededor de la música.

Así los espectros juveniles como parte de los imaginarios sociales en el marco de las tribus urbanas, permiten conocer las actitudes y comportamientos que influyen decididamente en cualquier mentalidad colectiva.

Tags: rock

servido por carlosreina 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

daniel solano

daniel solano dijo

docente Carlos Arturo Reina, soy estudiante de comunicación social, actualmente inicio mi proyecto de investigación sobre "los matachines de floridablanca". Esta subcultura se encuentra ubicada en departamento de Santander, en el municipio de Floridablanca. le escribo pues creo que usted podría proveerme de información teórica, sobre subculturas urbanas, proyectos de investigacion que ya existan sobre el tema, autores o fuentes que pueda consultar. gracias

20 Octubre 2006 | 02:56 AM

Amós Piñeros

Amós Piñeros dijo

Señor Reina, el trabajo que hace por la recuperar la memoria del Rock Colombiano es muy bueno y el único a escepción de algún articulo suelto que Zona de Obras, revista internacional, ha sacado. Estoy terminando de montar un proyecto de documental sobre la música en Bogotá y algunos de sus textos nos han sido de gran ayuda como referente bibliográfico. Sería un gusto poder entrar en contacto con usted e intercambiar información.
Mis mejores deseos
Amós Piñeros

21 Mayo 2008 | 08:41 PM

carlosreina

carlosreina dijo

Pueden comunicarse a mi correo E: ironangelco@yahoo.com
También ver myspace.com/angeldeacero888

4 Agosto 2008 | 11:57 PM

Hilario

Hilario dijo

EXCELENTE. Me pareció un comentario sumamente interesante, con soportes teóricos que dejan abiertas algunas puertas para quien desee seguir ingagando sobre el tema. Muy bueno. Aprendí.

4 Septiembre 2008 | 01:04 PM

Jaime BV

Jaime BV dijo

Muy muy buen articulo, bien documentado y escrito felicitaciones.
En los últimos años he observado que se habla seriamente del Metal, los documentales de Samuel Dunn y VH1, varios libros publicados (confieso que quiero conseguir el de Denna Weinstein que usted cita); y todo apunta a que se reconoció al Metal como una cultura, y a los Metaleros como protagonistas de esta - cosa que no sucedía hace 20 años cuando tuve mi cabello largo.

Vale la pena hacerlo circular por los Blogs y grupos de metaleros en Facebook, obviamente con su venia, para que otros tomen conciencia, actitud y posición como miembros de esta cultura mundial metalera.

\m/ Saludos \m/

7 Septiembre 2008 | 08:06 AM

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39 años. Bogotá Colombia. DOCENTE UNIVERSITARIO, INVESTIGADOR EN TEMAS SOBRE JOVENES , ROCK Y HEAVY METAL, MEDIOS Y CIUDAD. Contacto: ironangelco@yahoo.com "viviendo en el rock and Roll por siempre" Redactor de la revista Letra Oculta

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